Mientras descargaban la lancha, solo se oían las olas y el crujir de la maleza. Coiba, en el Pacífico panameño, parece hoy un paraíso aislado, pero durante 85 años funcionó como una prisión a cielo abierto marcada por torturas, trabajos forzados y una masacre.
Esa historia volvió al centro de la discusión este año. Panamá trasladó en junio a 29 reclusos a una base aeronaval en la isla, y en agosto movió a otras tres personas. El presidente José Raúl Mulino dijo entonces que el traslado se hizo “de acuerdo con las necesidades de seguridad nacional” y que no se trataba de una discusión sobre una reserva, sino sobre la seguridad de los panameños.
Coiba no es solo un sitio remoto. Es el parque marino más grande de Centroamérica y, junto con su área terrestre, abarca 270.125 hectáreas. La Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad después de que la colonia penal cerró en 2004 y la isla quedó dedicada por completo a la conservación.
La prisión fue fundada en 1919 con la idea de que fuera autosustentable. Los presos trabajaban sin paga en ganadería, siembra y tala. Vivían en campamentos dispersos que ellos mismos levantaban con ramas y palmeras, mientras la mayor parte del territorio seguía virgen.
Esa misma historia ayudó a conservar ecosistemas y biodiversidad casi al margen de la intervención humana, según investigadores citados por BBC Mundo. El biólogo marino Edgardo Díaz Ferguson dijo que Coiba permite estudiar cómo se recuperan por sí solas las zonas naturales alteradas por el penal. La describió como un “parque jurásico moderno”.
Pero la memoria de la cárcel sigue ahí. Narciso “Mali Mali” Bastidas, hoy guardaparques y asistente de investigación, contó que fue condenado por el asesinato de la dueña de un restaurante donde trabajaba y que llegó a Coiba en avión en tiempos del militarismo. Recordó golpes y castigos. La Comisión de la Verdad de Panamá, en un informe publicado en 2002, recogió testimonios de exprisioneros que hablaron de “golpizas bestiales”, comida insuficiente y falta de atención médica.
También hubo violencia extrema entre reclusos. En 1998, cuatro presos que intentaron fugarse fueron asesinados por rivales en una de las escenas más brutales de la historia del penal. Ese episodio aceleró el cierre definitivo en 2004.
Para científicos y líderes ambientales, el traslado de presos a la isla preocupa porque Coiba funciona como laboratorio natural, con arrecifes, tiburones, ballenas y rutas migratorias que se estudian en la isla.
El gobierno panameño no respondió a las solicitudes de información de BBC Mundo para este reportaje. La discusión sobre Coiba, entre seguridad y conservación, ya volvió a la isla.
Fuentes
Foto: BBC News Mundo.
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