En una calle concurrida de Bagdad, una mujer le grita a un conductor que baje del coche. Lo acusa de exhibicionismo y de hacer comentarios obscenos mientras ella pasaba. La escena quedó grabada en su teléfono y luego apareció en la cuenta de Instagram de Sarah Jassim, una activista iraquí por los derechos de las mujeres.
Jassim publica esos videos para denunciar abusos y acoso sexual. Dice que también sirven para dejar evidencia si una mujer decide llevar el caso ante la justicia, o al menos para avergonzar al agresor. Según contó a la BBC, uno de los videos que difundió terminó con la detención del presunto responsable, un policía acusado de acosar a estudiantes.
Pero la exposición tiene un costo. Jassim afirma que ha recibido amenazas de muerte y de ataques con ácido. También dice que la han acusado de “incitar a la indecencia pública” por animar a las mujeres a hablar. Por seguridad, ahora apenas sale de casa.
La BBC habló con varias mujeres iraquíes que dicen haber sufrido acoso sexual y haber encontrado poco respaldo en la policía o en los tribunales. El problema, según ellas, no es solo el abuso en sí, sino el camino que viene después: denunciar puede ser largo, complicado y con resultados inciertos.
Un informe publicado en mayo por un comité de la ONU describió la violencia contra mujeres y niñas en Irak como “generalizada y no se denuncia lo suficiente”. Entre sus recomendaciones, pidió derogar leyes que, según el informe, discriminan a las víctimas.
Amal, un pseudónimo, lleva unos cinco años peleando en los tribunales. Acusa a su exmarido de haber violado repetidamente a su hija cuando era menor de edad y a punta de pistola. Dice que su hija le contó que el hombre entró en la habitación, dejó su arma sobre la cama y le advirtió: “Nadie se enterará si te mato”.
Amal mostró a la BBC documentos médicos y pruebas de ADN que, asegura, respaldan su denuncia. También relató que su exmarido le dijo a un familiar que “lavara nuestra deshonra” si lo arrestaban, una expresión que en Irak se asocia con los llamados crímenes de honor. Ella afirma que él sigue prófugo y que el caso continúa abierto.
“Luché completamente sola”, dijo Amal. Explicó que su exmarido contrató a varios abogados, mientras ella no podía pagarlos y su familia miró hacia otro lado.
Otra mujer, Samira, también nombre ficticio, dijo que caminar por la calle la pone nerviosa después de haber sufrido acoso repetidamente. Contó que un hombre le mostró pornografía en su teléfono en el transporte público y que en otra ocasión otro la siguió en su auto durante más de 10 minutos.
Hanaa Edwar, una reconocida defensora de los derechos de las mujeres, dijo que en Irak “no hay leyes, ni protección, ni justicia para las mujeres”. Mustafa Saadoon, del Observatorio Iraquí de Derechos Humanos, fue más directo: “Una mujer que denuncia violencia sexual primero tiene que pasar por su familia, luego por una comisaría, después por un tribunal, y en cada una de esas instancias es probable que alguien le diga que lo resuelva en privado”.
Jassim sostiene que hace falta una legislación más clara, con delitos que nombren expresamente el acoso y la violencia de género, algo que hoy no figura en el código penal iraquí, según explicó. “Reconocer el problema es la mejor manera de abordarlo”, dijo.
La BBC también señaló que Irak cuenta con muy pocos refugios para mujeres maltratadas, lo que deja a muchas sobrevivientes sin un lugar adonde ir.
Las activistas siguen apostando por las redes sociales como una vía para mostrar lo que, según ellas, el sistema no logra ver. Jassim lo resume así: “Si todos vamos a tener miedo, nadie cambiará nada”.
Fuentes
Foto: BBC News Mundo.
Síguenos en Facebook, Instagram, TikTok, X y el canal de WhatsApp.