La noche del domingo, en una pared junto a una hilera de tiendas destrozadas en París, apareció un grafiti: “las cosas están oscuras en la Ciudad de la Luz”. La frase quedó como una imagen del momento político que vive Francia después de un fin de semana de protestas, disturbios y saqueos.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, intentó presentar su dimisión, según anunció el Palacio del Elíseo el lunes por la mañana. Pero el presidente Emmanuel Macron le pidió que analice cómo mejorar la seguridad en las calles y que lleve ante la justicia a los responsables de la violencia.
Por qué importa ahora
Lo que comenzó como una protesta contra el aumento del costo de vida y la caída en el acceso a servicios públicos terminó en una jornada de caos que dejó a comercios, policías y autoridades tratando de entender qué falló. Más de medio millón de personas se movilizaron el sábado, en su mayoría de forma pacífica, pero la marcha se volvió violenta cuando aparecieron grupos vestidos de negro y con el rostro cubierto.
El Ministerio del Interior francés informó que alrededor de 1.000 policías resultaron heridos, siete de ellos de gravedad. Además, se estima que unas 1.500 tiendas y negocios fueron saqueados o destruidos.
Lo que dejó el fin de semana
La policía antidisturbios lanzó gases lacrimógenos y cañones de agua contra la multitud. En varios lugares, también se vio a agentes golpeando a personas con porras, de acuerdo con la BBC.
Las críticas se concentraron rápido sobre Nuñez. Opositores políticos, algunos sindicatos y usuarios en redes sociales lo acusaron de no haber estado preparado y de contar con una presencia policial insuficiente para contener los disturbios. Yaël Braun-Pivet, presidenta de la Cámara Baja del Parlamento francés, dijo que quiere abrir una investigación para aclarar lo sucedido.
Macron, por su parte, habló el domingo por televisión y llamó a la unidad nacional. Su mensaje fue criticado en medios franceses por no ofrecer detalles concretos sobre cómo se exigirá responsabilidad a los vándalos, cómo se protegerán mejor las ciudades y pueblos, o cuándo se abrirá un diálogo con sindicatos de estudiantes y docentes sobre educación.
La otra cara de la crisis
Mientras el gobierno intenta contener la violencia, el clima político sigue cargado. En Francia, Macron es visto por muchos como un presidente saliente y ya está en marcha la pelea por su sucesión, con elecciones previstas para dentro de seis meses.
Marine Le Pen, de la derecha nacionalista antiinmigración, y Jean-Luc Mélenchon, de la izquierda anticapitalista, compiten por acaparar los titulares. Al mismo tiempo, el Parlamento permanece paralizado y dividido en tres bloques políticos rivales.
A eso se suma la presión financiera. El país enfrenta problemas serios de deuda pública y los inversores presionan para que Francia la controle. Pero el gobierno teme que, si recorta los servicios públicos o el bienestar social, más personas saldrán a las calles.
Qué significa para ti
Para quienes viven en Francia, el impacto más visible ahora puede ser en la seguridad de los barrios, la protección de los comercios y la posibilidad de nuevas restricciones locales. Este lunes, el primer ministro Lecornu dijo que pidió a los prefectos establecer toques de queda “parciales” y “localizados” para proteger, en particular, los negocios.
También hay una cuenta pendiente para quienes dependen de los servicios públicos que detonaron la protesta: educación, costo de vida y acceso a prestaciones. La tensión no parece cerrarse con el fin de semana, porque ya hay nuevas manifestaciones masivas anunciadas para el 5 de noviembre por sindicatos y el movimiento de los “chalecos amarillos”.
Qué viene
Las próximas dos semanas serán una prueba para el gobierno francés. Los estudiantes empiezan sus vacaciones de mitad de trimestre este lunes, pero el 5 de noviembre ya está marcado en el calendario como la siguiente gran fecha de protesta.
Por ahora, la pregunta sigue abierta: quién va a responder por lo que pasó el sábado y cómo evitar que vuelva a repetirse.
Fuentes
Foto: BBC News Mundo.
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