Chris Martinez votó por Donald Trump esperando una economía fuerte y menos conflictos. Pero ahora, desde Casa Grande, Arizona, el técnico de mantenimiento de 28 años dice que la gasolina está tan cara que devolvió uno de sus vehículos al banco, compra comida en un mercado de descuentos y mira con preocupación el rumbo de Estados Unidos en el exterior.
“Me engañaron y me siento como un tonto”, dijo a The Associated Press. “No está haciendo nada por nosotros, para beneficiarnos”.
Ese desencanto no es solo suyo. Según AP, muchos votantes latinos que ayudaron a Trump a volver a la Casa Blanca hace dos años están perdiendo la paciencia con él y con su partido. Eso podría mover la balanza en distritos clave de Arizona, Colorado y Texas, donde se decidirá buena parte del control de la Cámara de Representantes en las elecciones del 3 de noviembre.
Más del 80% de los latinos sitúa el costo de vida como su mayor preocupación electoral.
La encuesta de octubre del Centro NORC de Investigación de Asuntos Públicos de The Associated Press encontró que alrededor de 6 de cada 10 votantes hispanos desaprueban la forma en que Trump ha manejado la presidencia. Más de 7 de cada 10 desaprueban su desempeño en la economía.
Otra encuesta de AP-NORC realizada en septiembre mostró que los votantes hispanos están más preocupados que el electorado en general por el precio de los comestibles y la vivienda. Además, el 70% culpa más a las políticas de Trump que a factores fuera de su control por el alza de precios.
En 2024, Trump había logrado avances amplios entre los hispanos. En esa elección, cerca de 7 de cada 10 votantes hispanos estaban “muy preocupados” por el costo de los alimentos y los comestibles, una cifra apenas superior a la del electorado general, según AP VoteCast. Esa preocupación económica le abrió la puerta.
Ahora, los latinos están casi divididos por igual en su opinión sobre el Partido Demócrata, pero tienen una visión más negativa del Partido Republicano: el 55% lo ve desfavorablemente y el 38% favorablemente, según la encuesta de octubre.
El camino hacia la mayoría en la Cámara pasa por distritos con fuerte presencia latina. En Arizona, por ejemplo, el Distrito Congresional 6 es uno de los más reñidos del país. Allí, el republicano Juan Ciscomani busca un tercer mandato. Hace dos años ganó por 2.5 puntos porcentuales; Trump ganó por menos de 1 punto.
Ciscomani ha tratado de distanciarse de Trump sin criticarlo de frente. En sus anuncios resalta su historia como inmigrante nacido en México y llegado a Estados Unidos de niño, y se presenta como independiente y bipartidista.
Su rival demócrata, JoAnna Mendoza, también apela a la experiencia personal. Es exmarine e hija de trabajadores agrícolas inmigrantes que laboraban cerca de Casa Grande. “La gente confía en ti si sabe que vienes de la comunidad y entiendes su forma de vida”, dijo en una entrevista.
En Colorado ocurre algo parecido. El Distrito Congresional 8, que se extiende desde suburbios obreros de Denver hasta zonas agrícolas y ganaderas del norte del estado, tiene a los latinos como el grupo étnico más grande. Allí compiten el demócrata Manny Rutinel y el republicano Gabe Evans, ambos hispanos. Evans ganó por menos de 1 punto porcentual en la elección anterior, mientras que Trump se impuso allí por 2 puntos.
Rutinel ha centrado su campaña en la economía. “La gente del distrito siente que le han mentido y la han traicionado”, dijo.
Martinez resume ese giro con una frase simple: “Me fui a la derecha por un tiempo, pero volví al centro”.
La elección es el 3 de noviembre. En varios distritos, los republicanos y los demócratas siguen tratando de convencer a votantes latinos que ya no parecen tan seguros de su respaldo.
Fuentes
Foto: TELEMUNDO.com.
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