Donald Trump está volviendo a los mítines casi a diario, pero esta vez no para pedir votos para sí mismo. El presidente ha participado en ocho eventos en octubre para tratar de mover a su base republicana antes de las elecciones de noviembre, en un momento en que su aprobación es baja y varios observadores ven señales de cansancio entre sus simpatizantes.
La apuesta es clara: si consigue que voten hasta los últimos seguidores de MAGA, los republicanos pueden evitar, o al menos reducir, una derrota amplia en la Cámara de Representantes y el Senado. Si no lo logra, los demócratas podrían salir fortalecidos en una elección que definirá cuánto margen tendrá Trump en los dos años que le quedan en la Casa Blanca.
Trump ha dicho que planea hacer campaña a favor de republicanos en 35 contiendas antes del día de la elección. Es su manera más visible de influir en la campaña, aunque también su super PAC MAGA Inc. está gastando cientos de millones de dólares en anuncios contra los demócratas y a favor de candidatos republicanos.
Pero hay un detalle que preocupa a su propio partido: los eventos ya no lucen como antes. El expresidente del comité de finanzas del Partido Republicano de Texas, JW Wintersteen, dijo que la cifra de republicanos con mayor tendencia a votar “se ha reducido” y que no esperan una gran participación sin ese empujón de los mítines.
En Vandalia, Ohio, Trump habló el 3 de octubre en un gimnasio de escuela secundaria casi lleno. En San Antonio, el miércoles, no logró llenar el Freeman Coliseum, con capacidad para 11.000 personas, pese a la expectativa que había generado su visita. En Vandalia, además, varios funcionarios electos locales sirvieron como apertura y el acto tuvo el formato habitual de sus mítines.
Aun así, el presidente ha tenido que adaptarse a recintos más pequeños, con asientos vacíos y gente que se va antes de que termine. Eso refleja que su capacidad de arrastre sigue siendo fuerte, pero ya no necesariamente la misma de antes.
Trump también ha usado sus discursos para empujar a candidatos concretos, a veces con mensajes incómodos para ellos. En Texas, el gobernador Greg Abbott se mantuvo al margen de los dos eventos del presidente. Y en Ohio, mientras respaldaba a Jon Husted y a Vivek Ramaswamy, Trump llegó a defender los centros de datos, un tema que el propio comité nacional republicano del Senado ha advertido que podría complicar la campaña de Husted.
Su estrategia, según un exasesor citado por NBC News, no busca convencer a demócratas o independientes, sino activar a quienes ya están de su lado y dominar la conversación política en cada estado durante varios días. Ese mismo exasesor dijo que quizá Trump ya no obtiene tanto provecho como antes y que todo parece tener un carácter improvisado.
La Casa Blanca, por su parte, defendió la gira. Steven Cheung, director de comunicaciones, afirmó que los candidatos le piden apoyo porque saben que el presidente puede motivar a los votantes y aumentar sus posibilidades.
Qué significa para ti
Para los votantes, la pregunta de fondo es si esa movilización alcanza para mover la balanza el día de la elección.
Qué viene
Trump dice que seguirá recorriendo el país para apoyar a republicanos en 35 contiendas antes de noviembre. La prueba real llegará en las urnas.
Fuentes
- telemundo.com: Ante multitudes reducidas y bajos índices de aprobación, Trump intenta movilizar a su base para que vote
Foto: TELEMUNDO.com.
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